La carta que dejó Alan García Pérez

El suicidio de Alan García Pérez el día miércoles 17 del presente mes, que se produjo en el marco de una orden de arresto por las investigaciones del Caso Odebrecht, fue un acto premeditado hace ya bastante tiempo. No se esperaba que esta fuera una decisión rápida y de momento; así pues, esto es demostrado por la carta que dejó Alan García a sus hijos y que fue leído por su hija Luciana García Nores durante el velatorio de García Pérez llevado a cabo ayer en el local principal del APRA. Esta es la carta leída:

“Cumplí la misión de conducir el aprismo al poder en dos ocasiones e
impulsamos otra vez su fuerza social. Creo que esa fue la misión de mi
existencia, teniendo raíces en la sangre de ese movimiento.

Por eso y por los contratiempos del poder, nuestros adversarios optaron por
la estrategia de criminalizarme durante más de treinta años. Pero jamás
encontraron nada y los derroté nuevamente, porque nunca encontrarán más que
sus especulaciones y frustraciones.

En estos tiempos de rumores y odios repetidos que las mayorías creen
verdad, he visto cómo se utilizan los procedimientos para humillar, vejar y
no para encontrar verdades.

Por muchos años me situé por sobre los insultos, me defendí y el homenaje
mis enemigos era argumentar que Alan García era suficientemente inteligente
como para que ellos no pudieran probar sus calumnias.

No hubo ni habrá cuentas, ni sobornos, ni riqueza. La historia tiene más
valor que cualquier riqueza material. Nunca podrá haber precio suficiente
para quebrar mi orgullo de aprista y de peruano. Por eso repetí: otros se
venden, yo no.

Cumplido mi deber en mi política y en las obras hechas en favor de pueblo,
alcanzadas las metas que otros países o gobiernos no han logrado, no tengo
por qué aceptar vejámenes. He visto a otros desfilar esposados guardando su
miserable existencia, pero Alan García no tiene por qué sufrir esas
injusticias y circos.

Por eso, le dejo a mis hijos la dignidad de mis decisiones; a mis
compañeros, una señal de orgullo. Y mi cadáver como una muestra de mi
desprecio hacia mis adversarios porque ya cumplí la misión que me impuse.

Que Dios, al que voy con dignidad, proteja a los de buen corazón y a los
más humildes”.

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